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viernes, 16 de diciembre de 2011

Ciudadanos ilustres: Doña Blanca de Borbon

Blanca de Borbón (1339 – 1361). Noble francesa y reina consorte de Castilla. Fue la primera y, según la ley canónica, única legítima esposa del rey Pedro I de Castilla.

Orígenes familiares

Nacida en la ciudad de Vincennes, Francia, Blanca fue hija del duque Pedro I de Borbón (bisnieto de Luis IX de Francia) y de Isabel de Valois (a su vez nieta de Felipe III de Francia). Su hermano mayor y único varón, Luis, era el heredero de su padre. Después de él, nacieron siete hijas, las mayores de las cuales fueron Juana, que se casó en 1350 con el futuro rey Carlos V de Francia, y Blanca, un año menor que ella.

Img. nº 1: Escudo de armas del Condado de Clemont

Reina de Castilla

Matrimonio

 Antecedentes

El rey Pedro de Castilla, apodado posteriormente "el Cruel" o "el Justiciero", venía batallando desde su accesión al trono en 1350 una encarnizada lucha contra sus medio hermanos, Fadrique Alfonso de Castilla y Enrique de Trastámara, ambos hijos del difunto rey Alfonso XI con la sevillana Leonor de Guzmán.
Leonor de Guzmán fue asesinada poco después de la muerte del rey (1351), por órdenes de la reina viuda María. Sus hijos entonces levantaron el estandarte de la rebelión contra Pedro. Viendo el rey cómo sus hermanos ganaban cada vez más adeptos en las ciudades castellanas, decide entablar negociaciones con el reino de Francia, el cual podría ser un poderoso aliado para sus fines, no sólo en lo militar, sino también en lo económico.
Años antes, siendo solamente príncipe heredero y con sólo un año de edad (1335), el rey Eduardo III de Inglaterra entabla negociaciones para renovar la alianza castellano-inglesa y proponer un eventual matrimonio entre el pequeño príncipe y su hija Isabel. Sin embargo, el rey Alfonso XI rechaza dicho compromiso por considerarlo muy prematuro. En 1342 el rey Eduardo III vuelve a proponer un enlace con otra de sus hijas, la princesa Juana. El tratado, junto con la promesa matrimonial, es firmado en 1345. Un mes antes, Castilla firma un tratado con Francia, en el cual se contemplaba, para afianzar la alianza, un eventual enlace nupcial. No obstante, dichas tentativas con Francia no dieron fruto y el compromiso entre Pedro y Juana de Inglaterra se formaliza.
Cuando la princesa ya estaba a punto de encontrarse con su futuro esposo, murió víctima de la peste, en 1348. Este hecho propició la ruptura del esperado enlace dinástico entre Castilla e Inglaterra y, aunque Eduardo III tenía más hijas en edad casadera, no se sugirió un nuevo compromiso nupcial.
Fueron la reina madre María de Portugal y el ayo del rey Pedro, Juan Alfonso de Albuquerque, quienes presionaron al joven soberano para aceptar el enlace con Francia. El Papa Clemente VI (en connivencia con el rey Juan II de Francia) dirigió a la reina diversas misivas desde Aviñón aconsejándole reforzar la alianza con Francia mediante un enlace matrimonial. La guerra con sus medio hermanos hizo que el rey Pedro finalmente aceptara los consejos de su madre y Albuquerque.
En un primer momento, se trataba de que la novia francesa fuera la reina viuda de Francia, Blanca de Navarra, pero ella se opuso a dicho enlace, aduciendo su viudez.
Durante las cortes de Valladolid de 1351 se presenta formalmente una embajada francesa para acordar los términos del enlace real. Se acuerda entonces que la elegida sea una de las hijas del duque Pedro I de Borbón. Blanca, la mayor entonces, es la elegida.
Un hecho curioso es que, a pesar de ir a solicitar la mano de Blanca de Borbón, la delegación castellana, una vez en Francia, volvió a reiterar la petición que ya se hiciera a Blanca de Navarra, pero ella volvió a rechazarla por los mismos motivos. Se desconoce la explicación a este suceso, pero algún reparo pusieron los miembros de dicha delegación a Blanca de Borbón. Pese a las dudas, la petición matrimonial se lleva a cabo.

 Compromiso

El 2 de julio de 1352 se firma el tratado de alianza entre Francia y Castilla y el contrato matrimonial, el cual es ratificado cinco días después en Francia por el rey Juan II y el 4 de noviembre del mismo año, el rey Pedro hacía lo mismo en Castilla.
El rey de Francia se comprometía a pagar como dote de Blanca la suma de 300.000 florines de oro, los cuales serían entregados a plazos de la siguiente manera:
  • 25.000 florines en la siguiente Navidad.
  • 25.000 florines al abandonar Blanca el reino de Francia.
  • 50.000 florines cada año el día de Navidad hasta completar los 300.000 acordados.
Asimismo, el rey castellano se comprometía a otorgar las villas de Arévalo (Ávila), Sepúlveda, Coca (Segovia) y Mayorga (León), así como sus rentas, a su futura esposa, en calidad de usufructo. Si dichas rentas no alcanzaban para igualar a las de la reina madre María, debían serle entregadas otras hasta emparejarlas. Si Blanca moría sin hijos, el rey Pedro deberá devolver el total de la dote a Francia.
Todas las negociaciones, el pago de la dote, así como el rico ajuar que Blanca llevaría a Castilla, fueron totalmente elaborados y sufragados por el rey Juan II de Francia. El duque de Borbón fue mantenido al margen.
Sin embargo, el rey Juan II retrasa el pago de los primeros 25.000 florines para la Navidad, como estaba pactado. La comitiva que debía trasladar a Blanca demoraría siete meses en llegar a su destino. Durante su ruta hacia Castilla, Blanca se detiene en Aviñón, donde conoce al Papa Inocencio VI, el cual se convertiría en su principal y único defensor.
Blanca nunca deseó el matrimonio, y hasta en tres oportunidades renegó de éste, pero, obligada por el rey Juan II, su padre, su cuñado y hasta por su propia hermana Juana, acepta su destino.

 Realización del enlace

En enero de 1353 Blanca llega finalmente a Barcelona y en febrero a Valladolid. Sin embargo, al ver que el soberano francés actuaba con total deshonestidad -los 25.000 florines acordados para la Navidad no habían llegado, enviándole solamente los 25.000 florines acordados por la salida de Francia-, el rey Pedro decide retrasar el matrimonio. Además, para ese entonces el rey Pedro ya tenía amores con María de Padilla, la cual ya le había dado una hija.
Aunque muchos historiadores han querido darle al retraso de la boda un sentido romántico, alegando que el rey no quería casarse por el amor a la de Padilla, la realidad bien vendría a ser muy diferente, pues un año más tarde se casó con Juana de Castro luego de que consiguiera que las autoridades eclesiásticas declararan nulo su matrimonio con Blanca. Todo esto apuntaría a confirmar la falta del pago de la dote como verdadera causa del retraso de las nupcias.
Finalmente, ante las presiones de su madre y de Albuquerque, el rey Pedro decide llevar a cabo la boda.
El matrimonio entre el rey Pedro de Castilla y Blanca de Borbón se celebra en Valladolid, el 3 de junio de 1353. Sin embargo, a los dos días de celebrado el enlace, el rey abandona a su esposa, negándose a convivir con ella nunca más.
Aunque se han esgrimido numerosas teorías y leyendas ante el extraño comportamiento del soberano (algunos aseguran el abandono a la reputación de Blanca, la cual habría tenido amores con el hermano bastardo del rey, Fadrique, durante su viaje a Castilla; otros, alegan el amor del rey hacia María de Padilla), lo cierto es que la verdadera causa se podría deducir de la correspondencia entre el rey y el Papa Inocencio VI. En dichas cartas el Papa exhorta al rey a recibir a Blanca como su legítima esposa, pero el rey, en respuesta, aduce que por "ciertas confesiones" hechas por su esposa, se sentía engañado y por ello no podía continuar con el matrimonio.
Lo más probable es que, una vez a solas, Blanca haya dicho a su esposo -confiada en que ya eran marido y mujer y por tanto no tenía nada que perder-, que el rey de Francia no disponía del capital suficiente para pagar la dote acordada, lo que además le habría llevado a retrasar su partida desde Francia. El rey Pedro, presionado por su familia y demás consejeros a este enlace, se habría enfurecido con razón ante tal engaño, desquitándose con la única persona que tenía a mano: Blanca. Y corrobora esta creencia el hecho de que el rey Pedro nunca entregara a Blanca las villas y las rentas que se habían pactado y que Juan II nunca reclamara la devolución de los bienes de ella, pues, como ya se dijo, acudió a Castilla con un rico ajuar pagado por el rey francés.
El abandono de la reina desataría una encarnizada guerra civil en el reino de Castilla: por un lado, el bando del rey, apoyado nada menos que por sus hermanos bastardos Enrique y Tello y los infantes de Aragón, bajo la promesa de grandes favores, y por otro, el bando de la reina madre y Albuquerque, al que se unieron numerosos nobles castellanos.

 Encarcelamiento

Inmediatamente después de ser abandonada por el rey, Blanca pasa algún tiempo en Medina-Sidonia junto a la reina madre; pero, cuando estalla la guerra civil en Castilla, el rey ordena que sea enviada al castillo de Arévalo y luego al Alcázar de Toledo, desde donde ella envía cartas al Papa Inocencio VI en las que decía que el rey Pedro la sometía a grandes privaciones. Algunos historiadores dudan de la veracidad de estas alegaciones.